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viernes, julio 20, 2007

Historias de mi pueblo...


Introducción:

"A unos 12 km. al suroeste de Sevilla, siguiendo el margen derecho del río Guadalquivir aparece entre nosotros un pequeño pueblo llamado Coria del Río. Este pueblo sevillano suma a su herencia romana y musulmana, la experiencia de ser el anfitrión de un encuentro entrañable entre España y Japón, que ha dejado una huella perpetua, hoy recuerdo vivo, mantenido por quince generaciones de andaluces, que han conservado el apellido Japón de sus antepasados. Fue en el año 1614 cuando una expedición, dirigida por el samurai Hasekura Tsunenaga, llegó a Coria del Río. El propósito de esta expedición era visitar al Papa en Roma y obtener el apoyo político y religioso para los japoneses convertidos al cristianismo, al mismo tiempo que establecer contactos comerciales. La expedición partió de Sendai, al norte de la mayor isla del archipiélago japonés, en primer lugar con destino a México para después, hacer escala en el rico puerto fluvial del Guadalquivir en Coria, antes de salir hacia Italia. De este modo, los japoneses pretendían conocer la ruta a Nueva España como posible ruta comercial.

Tras ser recibidos por las autoridades de esta localidad y de la ciudad de Sevilla, Hasekura partió hacia la capital, donde sería recibido por el rey Felipe III, antes de continuar su viaje y regresar finalmente a Japón. Por el contrario, algunos de los japoneses de Hasekura, sabiendo de la persecución del Cristianismo y cierre de las fronteras japonesas, decidieron quedarse a vivir en Sevilla y profesar sin peligro su religión. La huella de la estancia nipona en Coria fue una nueva descendencia que llenó las calles de este lugar. Las primeras noticias en torno a ella aparecieron a mediados del siglo XVII en el registro bautismal de la Parroquia de Santa María de la Estrella, donde se encontró la partida bautismal de un niño que llevaba por apellido Japón, hijo de uno de los japoneses miembros de la tripulación de Hasekura. Otro caso igual fue registrado en Extremadura 1620 aunque parece ser, que fue en Coria donde el apellido tuvo mayor expansión. Incluso en el censo sevillano de 1995 se localizan hasta seiscientas personas que llevan este apellido. Entre ellas se encuentra el árbitro de fútbol José Japón Sevilla, cuya combinación de apellido nos resulta significativa. Sin embargo, este hecho singular de la existencia del apellido Japón, ha permanecido desconocido para el pueblo japonés, hasta que en 1989 con motivo de la conmemoración de la fundación de la ciudad Sendai se empieza a investigar sobre el pasado de la misma, hallando una serie de documentos escritos por Date Masamune, gran Señor de Sendai, donde se menciona la misión de Hasekura. Comienza así el contacto con Coria del Río en busca de más información sobre aquel acontecimiento. El Ayuntamiento de Sevilla remitió a Sendai una de las cartas que trajera Hasekura, conservada allí, y explicó el caso de los descendientes de los japoneses de Coria del Río, noticia que se publicaría en el periódico Asahi.

Desde entonces han sido muchos los encuentros entre estos dos pueblos. En 1992 con motivo de la Expo de Sevilla, en el pabellón de Japón tuvo lugar un encuentro muy emotivo entre el embajador y alguno de los descendientes de japoneses que se reunieron allí. También, en mayo de ese mismo año el gobierno japonés de la ciudad de Sendai hizo construir en el Paseo de Coria una estatua de Hasekura. Y en 1996 la Embajada del Japón rindió un emocionante homenaje a todos los descendientes de los japoneses para así conmemorar el 382 aniversario de la llegada a España de la misión de Hasekura. La Asociación Hispano Japonesa Hasekura de Coria del Río, fundada en 1993, organiza actividades y fomenta el encuentro entre corianos y japoneses que visitan el pueblo de sus antepasados. De este modo, se perpetua el lazo de hermandad y amistad que un día uniera a estos pueblos y se nos invita de nuevo al encuentro."

Coria del río tiene mucha historia a sus espaldas, pues desde el 3.000 a. de C puede hablarse de los orígenes de Coria como núcleo de población estable. En aquella fecha el asentamiento poblacional estaba situado en el centro de San Juan. Pero es a partir del año 1.000 a. de C., ya que se han encontrado restos arqueológicos de aquella época, cuando se empieza a conocer bien el origen del Coria del Río como núcleo urbano. Se han hallado numerosos objetos del Neolítico, como hachas pulimentadas y cuchillos, igualmente resultan muy importantes las puntas de flecha que se han encontrado en el Calcolítico, así como los hallazgos del período del Bronce final y de la época ibérica. Además, se sabe que los Fenicios establecieron en Coria un importante puerto fluvial con factoría.

Durante el período de dominación Romana se acuña una moneda en la que aparece el nombre "CAVRA" y que ha dado lugar a la actual denominación de Coria. Son muy abundantes los restos romanos hallados en la villa y entre ellos destaca un "cipo", elemento funerario que se conserva en la ermita de La Vera Cruz. Según señala Jose Luis Escacena Carrasco en "Coria del Río. Aproximación a su realidad geohistórica", en esta época se producen en Coria transformaciones que afectan a su estructura urbana. En concreto, resulta especialmente relevante el inicio del traslado del casco de población desde la parte alta del Cerro de San Juan hacia su emplazamiento actual. En este sentido, el sector alto del asentamiento romano sería el lugar defensivo del que escribía Plinio, autor del siglo I d. de C., ya que cita a "Caura" como "oppidum" o lugar fuerte, prominente y de fácil defensa, al pie del río Betis.

"Caura" la Coria Romana, puede considerarse como uno de los principales focos de romanización del sur del Aljarafe. Desde la ciudad se controlaban las poblaciones dispersas de sus alrededores. En ella se concentraban los productos del agrarios para comercialización por el río.

A su vez ejercía como eslabón entre la administración romana y parte de los territorios conquistados del bajo Guadalquivir.

En la edad media los musulmanes invaden la villa, al igual que casi todo el territorio Sur de la provincia. A finales del siglo IX, fue ocupada y arrasada por una incursión vikinga y más tarde por una oleada de Normandos, que arribaron en la localidad poco antes de que iniciara el siglo X.

Durante el siglo XIII, y una vez expulsados los Árabes por Fernando III el Santo, su hijo Alfonso X el Sabio comienza a repoblar estas tierras, la riqueza agrícola de la zona fue un gran incentivo para las gentes de más allá de Sierra Morena y pronto llegaron pobladores leonenses, castellanos, valencianos y navarros, así como extranjeros procedentes de Portugal, Francia e Italia que se asentaron en Sevilla y en sus alrededores.

En concreto el rey cristiano concede a las familias catalanas el territorio de Coria, que fue nuevamente invadida poco después por el musulmán Aben-Yusuf, como Alfonso X el Sabio narra en las "Cantigas de Santa María".

En el siglo XV, en los albores y de la edad moderna, Coria vive un período de franca expansión. Su población crece y se configura como un núcleo ribereño de importancia, que se convierte junto con La Puebla, en la puerta del tramo del Guadalquivir, controlado por Sevilla. Por ello Coria participa del explendor económico que adquiere la capital en el siglo XVI, momento en que Sevilla es uno de los puertos internacionales de mayor relevancia.

En octubre de 1614, atraca en Coria la embajada japonesa de Hasekura Tsunenaga, dejando en la localidad la herencia del apellido Japón, como resultado de su descendencia. Pocos años más tarde Coria fue vendida al Conde-Duque de Olivares, pasando después a ser propiedad del Conde de Altamira.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1812), Coria padece las lacras de la ocupación francesa, que supusieron una intensa sangría para la población (brotes epidémicos, fuertes impuestos, etc...). Todo esto explica que la población absoluta alcanzara las cotas más bajas desde 1750 y por supuesto, de todo el siglo XIX.

Pero el fuerte descenso de la población se debe también a la epidemia de fiebre amarilla de 1817-1819, las de cólera de 1832-1833, de 1849, de 1854 y de 1865-1868. Estas dos últimas epidemias marcan la crisis más intensas que padeció Coria a lo largo del siglo, aunque la década de los 80 hubo otros brotes de cólera.

También fueron determinantes las riadas del Guadalquivir como factor demográfico que disminuía las defensas y la capacidad de subsistencia de un villa campesina, para que las riadas y las plagas suponían un grave peligro.

Sin embargo, la población absoluta crece desde los 1.900 habitantes hasta los 6.149 de 1.900 superando netamente el incremento del resto de Andalucía, incluso el de España. Esto se debe a que, según señala Juan Manuel Nieto Cortés, en "Coria del Río. Aproximación a su realidad geohistórica", esta localidad se beneficia durante el siglo pasado de un intenso crecimiento vegetativo, adecuado a una demografía que ha conseguido disminuir la mortalidad hasta niveles realmente bajos, lo que ya refleja una clara transición hacia una sociedad más avanzada.

La agricultura constituye junto conla pesca fluvial, una actividad básica para la población Coriana y fundamento de su enraizamiento territorial. De tierras muy fértiles, destacan los limoneros, naranjos y olivos. También es, abundante el cultivo de cereales y tienen cierta relevancia algunos cultivos de regadío, como el algodón y el maíz. La ganadería es fundamentalmente vacuna y porcina. En cuanto a la producción industrial, Coria es conocida en la provincia por sus panificadoras.

De especial relevancia la pesca, que se ha convertido en una tradición económica ligada al folclore. De ahí que uno de los festejos más típicos de la localidad sea la "fiesta del albur", pez que se captura en el Guadalquivir y de cuya pesca vive un colectivo importante de familias corianas. El día de esta fiesta, a primeros de Mayo se sirven gratuitamente unos setecientos kilos de albures fritos en el paseo de Mesa, junto al Guadalquivir. Ese mismo día se desarrollan otros actos festivos, como los concursos de flores, patios, balcones y platos económicos. Precisamente Coria posee recetas típicas, reflejo de la tradición pesquera de la localidad, como la caldereta de pescado, los camarones en tomate o en tortillitas, lo sábalos a la plancha y las huevas de saboga.

Otra de las fiestas ligadas al mar es la velada del Carmen, que se celebra en julio, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros.

Tampoco puede olvidarse la importancia que el río tuvo para el despegue industrial coriano en la década de los 30. En estos años existí en la localidad la fábrica de la familia Ybarra, que funcionó en el Guadalquivir durante más de treinta años. En esta época se trajo a Coria a expertos de Europa del Este para que racionalizasen las capturas de Esturión en el Guadalquivir, estudiasen el río, descubriesen las épocas de capturas mas propicias y sobre todo, aconsejasen sobre la forma más adecuada de pescar el esturión. Así en 1932 se lanzó al mercado la primera campaña de la factoría Ybarra, situada en un chalet a la entrada de Coria llamado "Villa Pepita" y dedicada a la comezcialización del caviar y la carne de este sabroso pez.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, muy bonito, pero de nada ha servido. Coria es unamierda de pueblo que ha tirado a la basura la herencia cultural de siglos atrás para convertirse en capital de canis, catetos y nulos. Buag Coria.

Lasgorgonas dijo...

Pues si, toda esa maravilla... ahora es pesadilla, pero queda bonito recordar lo que un día fuimos y que nunca más seremos... ¡Ay si Hasekura Tsunenaga levantara la cabeza!... ni se le hubiera ocurrido parar aquí, hubiera seguido río adelante...