
He aquí los representantes de Dios, todo bondad, en La Tierra. Los representantes de un dios que predica bondad, generosidad, dar sin esperar recibir, hacer el bien, amar al prójimo como a ti mismo... ésos mismos que se manifiestan en contra de una ley que (ya era hora) reconoce a los homosexuales iguales en derecho a los heterosexuales. ¡Sí señor! ¡Así se ama al prójimo como a ti mismo! ¡Tratando por todos los medios que no tengamos TODOS los mismos derechos! Eso sí, las obligaciones sí son para todos las mismas. Ésos mismos que ordenaron que se enterrara al señor Victoriano, un maki que luchaba por la libertad de este pais de mierda, en la entrada de un cementerio PARA QUE LA GENTE LO PISARA. Bondad, dice su Dios. Ésos mismos que llevan años (¿qué digo años? ¡Siglos!) engordando mientras la gente muere de hambre, traumatizando a los niños a los que toqueteaban (y toquetean, las malas costumbres cuesta perderlas). Supongo que toquetearle las pelotas a un cura es lo más parecido a toqueteárselas a Dios, lo hacían para que los niños estuvieran más cerca de Dios. Y ahora, para colmo, se nos hacen objetores negándose a impartir una asignatura de educación ciudadana. ¡Pues muy bien! Que se queden en sus iglesias, que a estas alturas de la vida me parece una aberración que los curas se dediquen a la educación. ¡Ya basta! Los curas a rezar y a sacarle los cuartos a las tres viejas beatas (y a los tres maricones reprimidos del franquismo, como este de mi pueblo que casi me condena cuando le dije que soy ATEA y con dos cojones) de pueblo que quedan, que tienen los días contados y a ver de qué cuento viven a partir de ahora. ¡A la mina! ¡A la obra! ¡Allí los querría ver yo! A ver si cuando no lleguen a fin de mes siguen confiando en Dios en vez de cagarse en sus muertos. Eso sí, seguro que serían más felices. Al menos follarían. Que por cojones los niños tienen que dar religión!! Pues yo me niego a que mis hijos reciban lecciones hipócritas de ladrones, cuentistas, pederastas o vividores. No por nada, sino porque si de verdad Dios existe, no debe ser muy diferente de aquéllos que lo representan y, sinceramente, me da asco. El cuento de Caperucita Roja está llegando a su fin, ya sólo os queda romperos los cuernos en el tajo. Espero que sea pronto. Ésta es la iglesia, no la escribo con mayúscula, no me da la gana. Atea con dos cojones (como decía mi profesor de Historia). ¿Y vosotros?

3 comentarios:
BRAVO! BRAVO! BRAVO!
Eres la reencarnación de José Luis Jiménez,nunca unas simples palabras lo dejaron todo tan claro.
Preséntate a Presidenta... que vamos, contigo el mundo funcionaría mejor de lo que ahora funciona, mi voto lo tienes asegurado...
Chiquilla, José Luis Jiménez sigue vivo... jajaja
Lo se, es una manera de decirlo... jejeje
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