Después de unos muchas caídas de hojas del calendario, regreso a mi tierra donde el perfume de claveles lo embriaga todo, y la cual llevo clavada en mi alma.
Esta experiencia me ha servido para mostrarme cómo las estrellas pesan, que a veces en el camino se pierden tantas cosas y eso ha veces hace daño. Pero a pesar de ello, no me arrepiento.
No estoy ni alegre, ni triste, sólo quiero dar las gracias porque sé que le debo demasiadas cosas a la vida, entre ellas la oportunidad de haber vivido y aprendido cómo se borra el silencio, la historia del tiempo que se ha ido y muchas otras cosas más.
Debo confesar que durante esta experiencia, he llorado mil veces escuchando las notas de alguna canción que me recordará a Sevilla, o recordando viejos momentos. Todo ello me ha servido para que, en mis noches vacías me haya dado treguas, aprender a abrir las ventanas, a ensayar una nueva vida, a inventar nuevas formas para ser lo que debo ser, inundarme de todo lo bello que me rodea.
Se que hoy soy diferente, pues he dejado que la vida me llene , y me muestre además de todo lo perdido, mis sueños.
Así que de nuevo el tren de la vida, me lleva hasta Andalucía... No siento que haya perdido nada, pero si dejo demasiadas cosas... tantos sueños, tantos silencios, tantas ausencias...

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