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domingo, abril 13, 2008

Crítica a la película, "14, Fabian Road"


Víctor A. Gómez


El oasis de Don Jaime de Armiñán


Jaime de Armiñán. Pronuncien el nombre. Da gusto, ¿verdad? Es de una elegancia aristocrática pero no distanciadora, sino cálida, cercana; es como el nombre de un señor de otro tiempo que convive con éste, ajeno a sus reglas y enfermedades. Justo así es Jaime de Armiñán, el hombre, y también el director: un octogenario propio, intransferible, que sigue mirando con ojos inocentes, que no ilusos, las cosas por las que nos toca pasar; así es el cineasta que hizo la más conmovedora historia sobre un transformista (‘Mi querida señorita’) y que ahora trae ‘14, Fabian Road’, lo mejor, lo más reconfortante de lo visto en esta competición ya fallecida.

Tiene dos grandes cualidades el filme: de un lado, ese cabal abordar el material del que parte, melodramático en esencia, y que, en la mayoría de manos, acabaría con los protagonistas dándose para el pelo; en cambio, De Armiñán lo mueve con su bonhomía, esa suavidad (no amabilidad) que no resta importancia a las cuestiones pero tampoco las enfatiza. El otro gran baluarte de ‘14, Fabian Road’, su misma condición de oasis: en este cine español ahogado por historias de supuesta gente corriente y vidas molientes (el síndrome de la autenticidad: lo mediano, por mayoritario, es lo único real), la protagonista aquí es una escritora y el núcleo del relato, la construcción de una novela, catalizador de acontecimientos e identidades. Sí, la película simpar de esta edición festivalera la ha hecho un hombre de más de ocho décadas y lleva en el cajón de los desprecios de la distribución más de dos años. Así es la vida, Jaime de Armiñán.

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