
Víctor A. Gómez
El oasis de Don Jaime de Armiñán
Jaime de Armiñán. Pronuncien el nombre. Da gusto, ¿verdad? Es de una elegancia aristocrática pero no distanciadora, sino cálida, cercana; es como el nombre de un señor de otro tiempo que convive con éste, ajeno a sus reglas y enfermedades. Justo así es Jaime de Armiñán, el hombre, y también el director: un octogenario propio, intransferible, que sigue mirando con ojos inocentes, que no ilusos, las cosas por las que nos toca pasar; así es el cineasta que hizo la más conmovedora historia sobre un transformista (‘Mi querida señorita’) y que ahora trae ‘14, Fabian Road’, lo mejor, lo más reconfortante de lo visto en esta competición ya fallecida.
Tiene dos grandes cualidades el filme: de un lado, ese cabal abordar el material del que parte, melodramático en esencia, y que, en la mayoría de manos, acabaría con los protagonistas dándose para el pelo; en cambio, De Armiñán lo mueve con su bonhomía, esa suavidad (no amabilidad) que no resta importancia a las cuestiones pero tampoco las enfatiza. El otro gran baluarte de ‘14, Fabian Road’, su misma condición de oasis: en este cine español ahogado por historias de supuesta gente corriente y vidas molientes (el síndrome de la autenticidad: lo mediano, por mayoritario, es lo único real), la protagonista aquí es una escritora y el núcleo del relato, la construcción de una novela, catalizador de acontecimientos e identidades. Sí, la película simpar de esta edición festivalera la ha hecho un hombre de más de ocho décadas y lleva en el cajón de los desprecios de la distribución más de dos años. Así es la vida, Jaime de Armiñán.
Tiene dos grandes cualidades el filme: de un lado, ese cabal abordar el material del que parte, melodramático en esencia, y que, en la mayoría de manos, acabaría con los protagonistas dándose para el pelo; en cambio, De Armiñán lo mueve con su bonhomía, esa suavidad (no amabilidad) que no resta importancia a las cuestiones pero tampoco las enfatiza. El otro gran baluarte de ‘14, Fabian Road’, su misma condición de oasis: en este cine español ahogado por historias de supuesta gente corriente y vidas molientes (el síndrome de la autenticidad: lo mediano, por mayoritario, es lo único real), la protagonista aquí es una escritora y el núcleo del relato, la construcción de una novela, catalizador de acontecimientos e identidades. Sí, la película simpar de esta edición festivalera la ha hecho un hombre de más de ocho décadas y lleva en el cajón de los desprecios de la distribución más de dos años. Así es la vida, Jaime de Armiñán.

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